El Poder de la Sugestión

~ Robert Crosbie ~

El texto a continuación fue primeramente publicado por la revista “Theosophy”, en Los Ángeles, en Julio de 1922, pp. 258-262, a partir de las notas taquigráficas de una conferencia dada por Robert Crosbie. Más tarde se incluyó en el volumen “The Friendly Philosopher”, de Robert Crosbie, Theosophy Co., Los Angeles, 416 pp., 1934-1946-2008, ver pp. 320-325.

 

El poder de la sugestión significa distintas cosas distintas para diversos tipos de mente. Está emparejado con la idea de la hipnosis, donde el operador es capaz de hacer al sujeto pensar, decir, hacer, o imaginar cualquier cosa que él elija. Eso es posible a través de la condición anormal del sujeto. Las formas y métodos de inducir esta condición anormal no son conocidas generalmente, aunque algunos practicantes han encontrado varias maneras de inducir hipnosis en algunos sujetos.

Pero lo que se va a abordar es el hecho de la sugestión misma, generalmente considerada y tal y como afecta a todos los hombres. La gente no es consciente de que actúan casi completamente bajo sugestión. Desde nuestro nacimiento estamos rodeados de aquellos que nos sugieren ciertas ideas como verdaderas, y nosotros seguimos estas ideas sugeridas. Hay muy poco pensamiento original por doquier, y esto es particularmente cierto en aquellas líneas a las que el público presta más atención –esto es, política, religión, ciencia. Cualquiera que sea el sistema de pensamiento que se nos presente, es el que adoptamos. Seguimos la sugestión dada, sin intención de alcanzar la base de aquello que nos es sugerido. La base sobre la que la sugestión permanece se asume como cierta, incluso en las cosas más importantes en la vida.

Nuestra religión, por ejemplo, se dice que es una “revelación”. La aceptamos en la infancia, la aceptamos como un hecho, sin adentrarnos para ver lo que es y sobre lo que está fundada. Nuestros poderes de pensamiento y acción basados en una sugestión falsa no inhiben su ejercicio, pero como resultado de todas nuestras posibilidades de pensamiento y acción, todas nuestras creaciones mentales, toda la superestructura de nuestra existencia, son falsas, porque pensando desde premisas falsas, nuestro pensamiento nos llevará inevitablemente a falsas conclusiones.

Esto es tan cierto de hecho como en el caso del sujeto hipnotizado. Se le arroja a una condición anormal; no tiene nada ante su mente; el operador presenta una idea dada y con ella la sugestión de un cierto modo de acción. Inmediatamente el sujeto adopta la sugestión, va a trabajar en ello y continuará trabajando a lo largo de la línea sugerida de forma acumulada hasta que se cambie la sugestión.

Aquellos que nacen en cualquier secta en particular deben saber esto. Con nuestro primer sentido de la comprensión, las ideas se nos presentan, son inculcadas en nuestras mentes como hechos absolutos. Nosotros pasamos a proceder desde esa base, y por mucho uno la siga, no se puede alcanzar verdadera comprensión o conclusión. ¿Qué sabemos de la verdad o falsedad de estas ideas cuando se nos presentan a nosotros en nuestra infancia? Nada de ningún modo. ¿Qué saben nuestros padres y profesores de ellas? Nada de ninguna manera. Ellos nos han pasado simplemente las sugestiones que ellos recibieron en la infancia y que han operado en ellos de forma acumulativa desde entonces.

Debemos aprender a no aceptar afirmaciones, no importan quién las haga, que simplemente nos vienen dadas. Debemos llegar a la base de cualquier cosa que se nos presente, conocer cuáles son sus principios –si esos principios son autoevidentes. Si no son autoevidentes, ¿cómo pueden ser básicos?

La idea que es común a todos en el mundo Occidental es que existe un Creador de este universo. ¿Qué sabemos al respecto? Si es cierto que un ser creó el universo y todos los seres en él, entonces no somos responsables. A continuación de esa idea siguen otras ideas: que el hombre no está aquí más que una vez, que este es su único nacimiento, y que desde aquí él no sabe a dónde va. Hemos seguido la sugestión de que el hombre sólo vive una vida, que es fundamentalmente irresponsable de su existencia aquí, y hemos construido nuestros pensamientos y acciones sobre esa base. ¿Nos hace eso más sabios, más felices, mientras vivimos? ¿Produce paz y felicidad para los demás? ¿Nos lleva al final de la vida algo más sabios, con alguna mejora? Dado que sabemos que cuando llegamos al final de la vida dejamos toda cosa terrenal que hemos conseguido mientras estamos aquí.

Pero esta tierra es sólo una de muchas tierras. ¿Qué pasa con los otros planetas, los otros sistemas solares de los cuales el espacio está lleno? ¿Tenemos algún conocimiento vital sobre ellos o la razón por su existencia bajo las sugestiones que se nos han entregado?

Cuando nuestras impresiones religiosas cambian, cuando se nos dan otras sugestiones, ¿no se nos entregan del mismo modo? Cualquiera que sean – “Ciencia Mental”, “Nuevo Pensamiento”, “Ciencia Cristiana”, y demás – las adoptamos, nos movemos en las líneas sugeridas por aquellos que nos las dan, ¿y qué aprendemos realmente? Nada. Llegamos al final de la vida simplemente tan enfrascados en ignorancia, a pesar de todas las “revelaciones” que nos hayan sido dadas. ¿Qué conocemos de sus bases? ¿Son ciertas o solamente parcialmente? Nunca se nos pide examinar sus fundamentos, ver por nosotros mismos si son ciertos, autoevidentes. No; se nos pide aceptar lo que se nos da y trabajar con ellos. Esa es la sugestión.

Nuestra vida municipal, nuestra vida nacional, nuestra vida política, están todas bajo sugestión y pocos son aquellos que intentan ir a la raíz de las cosas y comprender lo que es la naturaleza del ser y así poder saber por ellos mismos y por tanto actuar con la fuerza y conocimiento necesarios. Al mirar el campo, encontramos que todos somos presa del poder de la sugestión en toda dirección.

¿Cuál es el criterio que deberíamos aplicar a toda sugestión que se nos presenta? Simplemente esta: Si tenemos la verdad, explicará lo que antes era un misterio. Y como estamos rodeados de misterios, la Verdad debe explicarlos todos ellos.

Este poder de sugestión debe usarse todavía, cualquiera que sea la línea que se nos indique. Si la Verdad existe y es posible para nosotros –la Verdad en religión, ciencia y filosofía – debe primero llegar a nosotros por sugestión de Ellos que saben. Si no fuera posible que esto se hiciera, si no fuéramos capaces de aprovecharlo, entonces no valdría la pena hablar de estas cosas. Pero cuando se nos sugiere la verdad, siempre hay un medio por el cual podemos verla y verificarla. Eso significa que no está en la autoridad ni el respaldo de nadie, sino en el hecho de que podemos percibirla y probarla por nosotros mismos. La autoridad final es el hombre mismo.

Un Dios exterior es un ídolo. Tenemos que llegar a los rincones de nuestro propio ser y comprender que es nuestro yo el que elige y determina por sí mismo lo que aceptará y lo que rechazará. El poder mismo de la Divinidad – el poder de elección – está en cada uno de nosotros. Cuando empezamos a entender eso, obtenemos la primera pista de nuestra propia inmortalidad. Así podemos ver que Eso que vive y cree en el hombre es el Eterno Peregrino. Si prefiere vd usar el término Dios, puede decir: «Tantos hombres en la tierra, tantos Dioses en el cielo».

Hay muchos seres por debajo del hombre; quizá algunos admitan que puede haber, que hay, seres más grandes que el hombre. Ninguno de estos seres puede ser omnipresente, ninguno de ellos puede ser el Supremo. ¿Qué es lo que es omnipresente y supremo en cada uno de los seres – en el hombre, en los seres inferiores al hombre, en los seres superiores al hombre? ¿No es este Poder de percibir, pensar, elegir, actuar sobre el pensamiento y la elección – sobre la Inteligencia que tiene el ser? Ese Poder trasciende todos los seres, todas las concepciones. Es ese Poder que está en la raíz de toda evolución, y es la Esencia misma de todo ser. Nadie está separado de Eso. Nadie está sin Eso. Todos son rayos de y uno con Eso. No hay posibilidad de existencia aparte de Eso.

El hombre se encuentra en medio de una vasta y silenciosa evolución – la evolución de la Inteligencia, del Alma. Todos los seres por debajo del hombre deben estar subiendo la escalera del ser a nuestro estado, y cualesquiera que sean los seres que puedan existir más allá del hombre, deben haber pasado por nuestro estado y haber ido aún más lejos en la escalera. Son nuestros Hermanos Mayores y han pasado por civilizaciones anteriores a la nuestra, muchas, muchas eras antes de la nuestra, y han alcanzado un punto de desarrollo mucho más alto que el nuestro. Son ellos quienes han llevado adelante todo el conocimiento adquirido en esa vasta evolución que ha precedido a la nuestra.

Estos Hermanos Mayores de la familia humana no son espíritus en el sentido ordinario de la palabra, ni son seres nebulosos, “dioses” o “ángeles”. Son hombres, Mahatmas (Grandes Almas), que son seres perfeccionados físicamente, mentalmente, moralmente, psíquicamente, espiritualmente – que están ahora donde estaremos un día, cuando nos hayamos perfeccionado de la misma manera que Ellos lo han hecho, a través de esfuerzos auto-inducidos y auto-ideados.

Estos Maestros nos apoyan en Su conocimiento y poder, en Su capacidad y esfuerzos para ayudarnos y guiarnos, como la más grande y poderosa sugestión que se pudiera hacer a cualquier ser humano. Ellos están dispuestos y listos para ayudar siempre y allá donde estemos dispuestos y listos para recibir. Ellos nunca piden nada; siempre están dispuestos a dar a aquellos que puedan estar dispuestos a seguir las líneas indicadas, para que a su vez nos podamos convertir en lo que Ellos son – podamos saber por nosotros mismos.

Si tomamos Su filosofía tal y como se nos ha dado en la Teosofía, si la tomamos como una teoría para ser examinada por sus méritos, encontraremos que ella explica. Explica por qué hay tantos tipos diferentes de personas; explica diferentes naturalezas; explica por qué algunos sufren más y otros sufren menos. Explica por qué cada uno nace en un lugar particular, en esa familia, en esa nación, en ese momento. Explica toda desigualdad en la vida, toda injusticia, cada misterio. Permitirá al hombre ser consciente de su propia inmortalidad, vivir una existencia consciente en el Espíritu, incluso mientras encarnado en un cuerpo aquí en esta tierra. En la actualidad vivimos en materia; pensamos que existimos en la materia y dependemos de la materia para nuestra existencia. Pensamos en materia. Nuestra religión es materialista; nuestra ciencia es materialista; nuestra filosofía es materialista. Todo esto se debe al mal uso del poder de la sugestión y a nuestra aceptación de ideas sin investigación, sin comparación, con autoridad. Creemos; no sabemos.

No hay Divinidad, salvo la que ha evolucionado como tal desde el Espíritu Único. Todo ser Divino es una evolución. Donde se habla de divinidad, significa la evolución de un ser. Toda inteligencia está basada en el Poder de percibir, y eso existe en cada grado de ser. La inteligencia es la extensión del poder de saber. Esta idea deja a un lado muchas sugestiones de las que tal vez dependemos. Sería bueno para nosotros si no dependiéramos de nada excepto nuestro propio poder inherente de aprender, de librarnos de nuestras dificultades. Todos nuestros poderes nacen con nosotros; todas nuestras experiencias pasadas están con nosotros, pero se ven superadas por las sugestiones que nos dieron cuando éramos niños, y por las ideas falsas que todavía entretenemos. Nada más que la Verdad puede jamás liberarnos, y esa Verdad la puede encontrar cada uno y seguir, y así llegar a saber por sí mismo.

NOTA:

Esta traducción es la donación generosa de un amigo que inicialmente la hizo para los compañeros de la LIT (Logia Independiente de Teósofos).